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GUADALAJARA


La ciudad de Guadalajara tuvo mayor importancia en la época de dominación musulmana, adquiriendo el nombre de Wad-al-Hayara, que quiere decir "río de piedras" o "valle de la fortaleza" haciendo alusión a su posición estratégica sobre la orilla izquierda del Henares, y constituyendo la capital de una amplia zona de la Marca Media de Al-Andalus frente a los reinos cristianos del norte.
Fue amurallada y construyeron castillos y mezquitas en su interior. Alfonso VI, rey de Castilla y su ejército ocuparon la ciudad en el año 1085, siguió la ciudad habitada por un importante núcleo de musulmanes, otro de judíos y el nuevo grupo de repobladores castellanos del norte. Se convirtieron las mezquitas en iglesias. Se reforzó la muralla, con grandes torreones y puertas.

Sus antecedentes se sitúan en la localidad íbera de Arriaca (Camino pedregoso), situada al otro lado del río Henares del enclave actual de la ciudad, en lo que hoy es el polígono industrial del Henares, entre Marchamalo y Guadalajara. Posteriormente fue controlada por los romanos bajo el mismo nombre. Llegaron los visigodos y la destruyeron completamente, fundando otra ciudad en el mismo lugar llamada Caracea. Con la llegada de los árabes, Caracea fue arrasada. Reconstruyeron la ciudad en el actual enclave, con fines militares, creando una verdadera fortaleza amurallada. Constaba de dos barrios claramente diferenciados, Wad-al-Hayara (Río de Piedras o Valle de los Castillos, no se está seguro), que daría nombre definitivo a al ciudad, y Medinat-al-Farag.
A partir del siglo XIV, la familia Mendoza se constituye en el grupo social más poderoso. Procedentes del País Vasco, instalan en Guadalajara sus "casas mayores" y en torno a ellos crece el número de hidalgos y aristócratas, surgen numerosas iglesias de estilo mudéjar, y se levantan conventos, palacios, obras públicas de relieve.
En el siglo XVI, y al amparo de los Mendoza, Guadalajara se convierte en un foco de cultura, espiritualidad y arte. Apareció un nuevo motivo de vida intelectual y desarrollo económico con la instalación de la Academia de Ingenieros Militares en el siglo XIX. Pero en 1923 fue destruida por un incendio, y poco después, en 1936-39, la Guerra civil española destruyó gran parte de la ciudad, duraron muchos años en restablecerla hasta 1960, con una política de desarrollo urbano e industrial impulsada por el alcalde Pedro Sanz Vázquez, Guadalajara creció de forma llamativa. Se construyeron grandes barrios residenciales, conjunto de parques públicos, vías céntricas peatonalizadas, servicios de transporte ágiles, y una comunicación perfecta, por carretera y ferrocarril.

 

PALACIOS Y MONASTERIOS

Alcázar
Este edificio fue construido en los siglos XII y XIII, aunque sobre una anterior edificación de los árabes, de la que quedan las fuertes torres del norte. Era el castillo de la ciudad, de donde se observaba el valle del Henares, el puente y el barranco del Alamín. De sus muros arrancaba el arco o puerta de Madrid, que permitía la entrada a Guadalajara por el norte. 

Capilla de Luis de Lucena 
Esta capilla se encuentra cerca de la antigua y ya desaparecida iglesia de San Miguel, fue diseñada por Luis de Lucena, médico y humanista que vivió en la primera mitad del siglo XVI, alcanzado a ser médico personal de varios papas en Roma.
 

Convento de San José
 Iglesia de los Remedios
 Iglesia de San Ginés
 Iglesia de San Nicolás
 Iglesia de Santa María
Iglesia de Santiago
 Iglesia del Carmen
 Monasterio de San Francisco
 Palacio de Antonio de Mendoza
 Palacio del Infantado
 Panteón de la duquesa de Sevillano Puente Califal

RUTAS TURÍSTICAS

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En la provincia de Guadalajara debe iniciar su periplo por la propia capital, que reúne atractivos suficientes para entretener su ocio y llenar muchas horas de visita monumental y turística. De una parte conviene recorrer su Calle Mayor, llena de encanto decimonónico, ahora por completo peatonal, y pararse en la Plaza Mayor a contemplar el equilibrado edificio del Ayuntamiento, obra de finales del siglo XIX. Diversas plazas (la de San Esteban, el Concejo, Dávalos, la Antigua, etc.) reúnen un encanto provinciano interesante, así como el cosmopolita Paseo de los Cruces o las modernas avenidas comerciales (Avdª de Castilla, Virgen del Amparo, Boixareu Rivera) donde la vida de la ciudad moderna estalla con fuerza.

En cuanto a los monumentos, una treintena de edificios curiosos pueden contemplarse. Hay unos cuantos imprescindible de contemplar: el Palacio del Infantado, con su fachada de cabezas de clavo, la portada gótica cuajada de escudos, y la galería alta apoyada sobre complicado friso de mocárabes. En el interior, el soberbio patio de los Leones, y el Museo de Bellas Artes. Cercano está el templo gótico-mudéjar de Santiago, con cúpulas nervadas de ladrillo en su ábside, y detalles renacientes en las capillas laterales. El templo de Santa María es también de origen mudéjar, con torre-alminar y portadas de tipo sirio, más un retablo renacentistas. La capilla mudéjar de Luis de Lucena, aunque cerrada al público, es interesante, y el gran monasterio de San Francisco, con templo gótico y cripta de los Mendoza. La iglesia de San Nicolás es barroca, de tipo jesuítico, y sobre todo destaca el conjunto del Panteón de la Condesa de la Vega del Pozo, al final del parque de San Roque, donde subyuga la grandiosidad de la iglesia de eclecticismo arquitectónico, y la severidad de su cripta mausoleo. Todo un conjunto de arte para perderse horas y horas, eso sin contar las posibilidades culturales (conciertos, exposiciones, conferencias, actos de participación) que a diario se ofrecen en esta ciudad de antigua raigambre y moderna actividad unidas.

La ruta de Sigüenza comienza en esta misma ciudad, emporio de las artes y la historia. Es impagable el recorrido por sus cuestudas calles y por las Travesañas del casco viejo, admirando los templos románicos, los palacios y los grandes portalones de la muralla, generalmente con una imagen de la Virgen en lo alto... El centro de la Sigüenza histórica es la Plaza Mayor con su Ayuntamiento en un extremo y la Catedral en otro. Por ahí debe empezar la visita, que seguirá con detenimiento por la propia Catedral, admirando su arquitectura medieval, el altar mayor renacentista y la significativa estatua yacente del Doncel. La visión de este templo mayor desde cualquier ángulo es siempre evocadora (torres almenadas, ábside gótico, etc.) Luego se sube por la calle mayor, viendo la portada románica de Santiago, hasta el castillo, hoy Parador Nacional, todo un monumento de la Edad Media. Y se vuelve a bajar callejeando por la plaza de la Cárcel, viendo la iglesia de San Vicente, la Casa del Doncel, el portalón del Peso, etc. No debe abandonarse Sigüenza sin pasear un rato por su Alameda, parque decimonónico lleno de encanto especialmente en el verano, con sus fuentes, sus partidas de cartas, y su alegría permanente.

Desde Sigüenza ha de visitarse Palazuelos, la villa completamente amurallada, en camino de Atienza. Cerca está la extraordinaria iglesia románica de Carabias, y más allá el castillo de la Riba de Santiuste, que perteneció a los obispos seguntinos y hoy luce la gloria de sus almenas restauradas. Las salinas de Imón, sobre el río Salado, son muestra de la arquitectura de la época de Carlos III. Por el norte se puede llegar hasta Guijosa y contemplar las ruinas de su grandioso castillo. Por el este debe seguirse a Barbatona, el santuario mariano por excelencia de la provincia, y mirar los ex-votos del interior del templo. Además acercarse a ver otras iglesias románicas de ese contorno: Jodra y Sauca. Por el sur, en el valle del río Dulce, hay que acercarse a Pelegrina, donde puede subirse hasta el castillo arruinado y gozar de un paisaje espectacular. Y siguiéndole paso a paso, atravesar la Cabrera, Aragosa...en paisajes de belleza singular y agreste.

Pastrana es centro de otra ruta.
En ella se ha de parar en su Plaza de la Hora, admirando la fachada y grandiosidad de su Palacio Ducal. Seguir por la estrecha calle mayor y subir hasta la Colegiata, donde además de retablos, cuadros y estatuas puede visitarse el Museo donde destacan los tapices de Alfonso V, con temas de las batallas de África: son de lo mejor del mundo. En Pastrana se visita también el convento de San Francisco, super animado cuando se celebra en su interior la Feria Regional de la Miel; el convento de San Pedro, en el valle, sede hoy de la Hospedería Real, y albergando el Museo franciscano; o las plazuelas de San Avero, de los Cuatro Caños, la calle de la Palma con su palacio de la Inquisición, etc.
 En la Alcarria Baja destaca la población de Mondéjar, en la que lucen joyas del protorrenacimiento español: la iglesia de la Magdalena, el convento de San Antonio, aunque en ruinas. Y desde allí, bordeando el Tajuña, llegar hasta Pioz, donde su castillo nos evoca con precisión la época del Cardenal Mendoza, Loranca también en la cuesta tensa del Tajuña, más El Pozo con su iglesia románico-mudéjar y Chiloeches, siempre alegre y vistoso.

Molina de Aragón centra un recorrido por su antiguo Señorío.
Recorrer sus estrechas calles es un gozo en el que van saltando las sorpresas de descubrir iglesias románicas (Santa Clara) palacios barrocos (el del Virrey de Manila) o grandes retablos renacientes (el colocado en San Gil). Pero también supone buscar, y encontrar, rincones urbanos de sorprendente belleza, como la plaza de Traspalacios, la propia plaza mayor, o la Calle de las Tiendas.
Desde cualquier sitio, y a muchos kilómetros de distancia, sorprende la silueta, y luego el detalle, del castillo de los condes de Lara, obra extraordinaria, de las más grandes de España, de arquitectura militar medieval.
Desde Molina puede seguirse por el norte a visitar pueblos típicos del Señorío: Milmarcos con sus palacios hidalgos y su gran templo parroquial; Tartanedo, con otros tantos elementos del estilo; Hinojosa, en cuyo término aparece aislada en un sabinar la ermita de Santa Catalina, puramente románica, y aún Fuentelsaz, también llena de palacios, Embid con su gran castillo en ruinas, y Zafra, en término de Campillo de Dueñas, donde la grandiosidad del paisaje rocoso acoge el castillo, hoy restaurado, de los condes molineses.
Por el sur puede penetrarse en lo más suculento del Alto Tajo molinés: por Tierzo y Taravilla se llega a la laguna de este nombre y al pico de la Machorra, bajando a cruzar el Tajo por el puente de Poveda. Por Pinilla se llega a Peralejos, a Chequilla y Checa, todos ellos con suficientes atractivos naturales, en alturas pinariegas y hondas hoces del Tajo, como para justificar un viaje.

En Cogolludo se inicia el viaje por la Sierra Negra de Guadalajara. Cogolludo ofrece al viajero la maravilla de su plaza mayor, soportalada, muy típica, premiada al oriente con la grandeza de su palacio ducal, joya del primer Renacimiento español. Además puede contemplarse subiendo sus calles la iglesia parroquial de Santa María, impresionante de arquitectura tardogótica, y el castillo, que aunque en ruinas tiene su interés.
Quedan restos de murallas, y el tipismo de un pueblo serrano. De allí comienza la ascensión a las zonas de la Sierra Negra.
Por Arbancón puede llegarse a Muriel, en el valle del Sorbe, y de allí a Tamajón, que ofrece un limpio urbanismo y algunos edificios singulares, como el palacio de los Mendoza (Ayuntamiento) y la iglesia parroquial (románica en su origen). Desde Aquí puede seguirse a las laderas del Ocejón, y llegar por su cara sur hasta Majaelrayo, atravesando los típicos lugares de la «arquitectura negra» hecha a base de pizarras de Campillejo, el Espinar, Roblelacasa, etc, incluso Campillo de Ranas.
Desde Majaelrayo puede hacerse fácilmente la ascensión al pico Ocejón. Por su cara norte, tras atravesar los campos de Almiruete y los robledales de Palancares, se llega a Valverde de los Arroyos, el más hermoso lugar de la sierra, cuajado de aguas, montes, prados y bosques en la altura.
También desde Cogolludo, por Veguillas, puede alcanzarse otra parte de la sierra en la que lo más interesante es Umbralejo, el pueblo hoy habilitado por el ICONA para servir de Aula de Naturaleza a los jóvenes. Y seguir por La Huerce a pasar la Sierra hasta Galve con sus antiguos bosques de pino negro.
Todavía desde Cogolludo, por el Congosto y su pantano de Alcorlo, se sube a Hiendelaencina, donde se ven las bocas de sus minas de plata, y aún a Bustares, con iglesia románica y la posibilidad de ascender por carretera asfaltada a la cumbre del Santo Alto Rey, la gran montaña mágica de estos contornos, con una ermita dedicada a Cristo en lo más alto de sus picachos.

Son numerosas las rutas turísticas que podemos recorrer por Guadalajara, por ello, nada mejor que hacerlo en coche. Aquí solo mencionamos unas cuantas, pero hay muchas más, en coche podremos aceder a todos los rincones con rapidez y comodidad, consute las ofertas que hay en alquiler de coches en Guadalajara. 

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Los embalses y la Alcarria

Desde Guadalajara por la carretera de Cuenca, y tras visitar el monasterio de Lupiana, sede de la Orden jerónima en España, se visita Horche, colgado en la cuesta alcarreña y pleno de evocaciones antiguas, llegando a Tendilla, el lugar increíble donde la calle mayor soportalada de 2 Kms. de longitud nos sorprende siempre. Ya metidos en la Alcarria plena, se visita Peñalver, cuna de los famosos mieleros, con su Museo de la Miel, y Fuentelencina, con un Ayuntamiento rencentista sobre la plaza clásica. Bajando al valle del Tajo, se atraviesa el dantesco desfiladero de las Entrepeñas sobre la presa del mismo nombre, llegando a Sacedón, donde el turismo acuático en el corazón de España hizo milagros en cuanto a urbanizaciones, restaurantes, escuelas de vela, etc. En la orillas del embalse de Entrepeñas han surgido rincones encantadores, pudiéndose practicar en sus aguas todo tipo de deportes, desde la pesca al esquí acuático. Se recorren luego los pueblos como Pareja, con palacios episcopales y un templo de enorme presencia; Durón, en el que la calle mayor nos da la imagen del pasado con fidelidad, especialmente en el ángulo que forma la antigua Carnicería con la Fuente barroca; también Budia tiene el encanto de su Plaza Mayor soportalada, las ruinas del convento de carmelitas, y el templo parroquial con un espacio grandioso ocupado por retablos, cuadros y enterramientos. Aún deben verse en esta Ruta de pantanos y Alcarrias los pueblos de El Olivar, de Alocén, con una plaza hermosa abierta al horizonte acuático, y Auñón, en la orilla derecho del río, con urbanismo de raíz antigua. Más allá de Sacedón, el viajero aún alargará su paso hasta Córcoles, en cuyo término están las ruinas románticas del monasterio de Monsalud, y a Alcocer, con su templo casi catedralicio. Finalmente debe visitarse Millana, donde la portada románica de su templo es impresionante, y Salmerón, de bella plaza soportalada. Todos los pueblos de esta Alcarria pura tienen un sabor único, y deben ser vistos con detenimiento.

 

GASTRONOMÍA

Dos factores condicionan sobremanera la riqueza y variedad de la gastronomía de la provincia de Guadalajara, no suficientemente conocida, pero sí admirada y muy valorada por quienes han tenido el privilegio de degustarla: La diversidad de culturas que se han asentado a lo largo de los siglos en estas tierras, dejando cada una de ellas su herencia gastronómica, y la personalidad geográfica diferenciada de las comarcas de la provincia, factor que implica, por una parte, variedad en los productos agroalimentarios típicos de unas comarcas respecto a otras y diversidad en la forma de tratarlos en la cocina.

En la Campiña, se producen y forman parte de la base gastronómica de esta comarca los: espárragos, hortalizas, cereales  gracias a los nuevos regadíos. En el apartado cárnico, en esta comarca abundan los rebaños de ovino, por lo que el cordero, en sus diversos tratamientos culinarios -especialmente asado o en caldereta-, se convierte en elemento imprescindible en un buen menú campiñero. Aves de granja y huevos frescos producidos en esta comarca gozan de excelente reputación en el mercado nacional.

En las Serranías, aprovechando los ricos y variados pastos que abundan en las dehesas y sotos de esta comarca, se produce carne de vacuno, caprino y ovino de primera calidad. Chuletones y solomillos de vacuno, cabrito y cordero asado, en caldereta o en "cuchifrito", son platos reyes en esta amplia comarca, en la que, en otoño, son apreciadísimas las setas de cardo, los níscalos y los boletos edulis que en ella se producen espontáneamente.

En el Señorío de Molina, la carne de caprino y ovino es la base de su gastronomía, con un variado y exquisito tratamiento en la cocina. Molina es también tierra generosísima en la producción espontánea de níscalos y otras variedades de hongos, incluso la trufa negra (tuber melanosporum). La judía -allí llamada "bolo"- es la reina de un buen primer plato molinés. Conejos de granja de apreciado sabor producidos en el Señorío de Molina llegan diariamente a los mercados nacionales que más demandan este producto.

En las Alcarrias se compendia la mayor parte de la gastronomía del resto de la provincia: hortalizas, verduras y carnes -especialmente de ovino-, forman parte de la base culinaria de esta comarca. Y recordar que la Miel de la Alcarria, tanto en postre como en ingrediente de imaginativas recetas de segundos platos o como base de licores, es la única producida en España que goza de "Denominación de Orígen" por su extraordinaria y reconocida calidad.

Actualmente esta comarca persigue el reconocimiento de una nueva Denominación, la de calidad específica de carne para el cordero lechal que se produce en la zona, alimentado de pastos naturales y de un sabor exquisito.

A lo largo y ancho de toda la provincia, con el tratamiento particular en la cocina propio de cada comarca, son recomendables platos como: Sopas de Ajo, Migas, Gachas, Judías, Morteruelo -especialmente en el Señorío de Molina-, Caracoles, Cerdo en matanza, Trucha, Corzo -especialmente en las Serranías-, Jabalí, Conejo, Liebre, Perdiz, Codorniz, etc.

La repostería en Guadalajara goza de reconocido prestigio, girando gran parte de ella en torno a la miel: Alajú, Arrope, Hidromiel, etc... También son exquisitos postres guadalajareños los "Bizcochos Borrachos" -especialmente en la capital y en Tendilla-, las "Patas de Vaca" -en Molina de Aragón-, los "Crispines" -en Budia-, las Tortas y Rosquillas -especialmente en Brihuega-, las Pastas y Bollos de Sigüenza, etc.

Para acompañar en la mesa, excelente es el "Vino de Mondéjar", que justamente goza de "Denominación de Orígen" y que pronto será imprescindible en cualquier bodega que se precie de reunir los mejores caldos nacionales.


EL CLIMA

El clima es muy continental, es decir, con gran oscilación térmica entre el invierno, de muy bajas temperaturas, y el verano, en que son muy altas, y con escasas precipitaciones que se reparten muy desigualmente, casi sólo en primavera y otoño. En la capital la media anual es de 11°, 4 la del invierno y 22,5 la del verano, y llegan la mínima extrema a -5 en enero y la máxima a 36 en agosto. La precipitación total se limita a 400 mm. La capital está en el borde occidental de la Alcarria, pero ya junto al valle del Henares y protegida por los últimos resaltes, como cerros testigos, del páramo. En medio de éste y sobre todo en la Sierra, estas condiciones climáticas resultan más bajas en general.

 

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